domingo, 5 de julio de 2009

DEPRESIVOS

Sigue siendo mi tema recurrente y es que no encuentro opiniones. Cuando se habla de depresión se cae en un ambiente de compasión o distanciamiento del enfermo que poco ayuda al encauzamiento en busqueda del sentido.
¿Puede ser tan duro, en la reflexión, llegar a pensar que sí puede existir un mundo mejor, una forma de hacer de la vida algo merecido y encontrar que si tiene sentido la existencia?
Seguir el rumbo de los acontecimeintos sin hacer presencia en el mundo actual con carácter y personalidad es el primer paso para una potencial depresión
Para quienes sostienen que la depresión es una enfermedad: ¿Puede existir depresión sin antes pasar por la porfía del afectado en no otorgar credito a lo simple de la vida dandole un valor celestial a simples virtudes y cualidades humanas .
¿Ser soñador, puede ser un remedio para combatir la depresión?
Si es así entonces voy a sugerir que se aprecie el aroma y la inhalación de la marihuana por sobre los medicamnetos que solo disimulan los sintomas y entrar a ese mundo de divagaciones, anhelos, sueños y enajenaciones personales que dan pie a creer que al menos por momentos se puede ser feliz.
Las circunstancias del depresivo llevan a generar un ambiente en su entorno de comprensión y tolerancia que contagia el ambiente. La energia que emana del depresivo es tan fuerte como la del ser positivo, se impone quien logre mayor fuerza.
Si el ser depresivo cuenta con autoridad, es jefe o padre de familia, lo más probable es que genere un ambiente oscuro o festivo, cualquiera de los dos son parte de este estado de ánimo que lo inunda todo. El ambiente oscuro es facil distinguirlo y se tiene claridad para elegir tomarlo o dejarlo. El ambiente festivo actua como la medicina alopata, se vive "una vida loca", como si las responsabiliades personales fueran una esclavitud o la verdadera enfermedad del vivir.
Si el depresivo es padre de familia , ¿cuándo la depresión excede los limites de "enfermedad" y pasa a ser irresponsabilidad ?
PRETENDER COMBATIR LA DEPRESION CON MEDICAMENTOS
ES UNA IRRESPONSABILIDAD

miércoles, 24 de junio de 2009

Desde Cuba: Caletone o las víctimas del proximo Huracán

Los afectados por el último huracán han dejado de ser noticia para convertirse sólo en números en las estadísticas de quienes han perdido sus casas. Ya los políticos no viajan hacia las zonas de desastre para hacerse fotos al lado de los damnificados y los materiales para construir se pierden en el engranaje de la burocracia. Algunos pocos poblados han tenido la suerte de ser la vitrina de la reconstrucción, pero otros –pequeños y desconocidos- siguen mostrando sus casas desechas.

Cerca de Cienfuegos, una familia albergada sospecha que el cemento y la arena para levantar sus paredes ha ido a parar a manos de otros que pudieron pagarlos mejor. A la periferia de La Habana llegan -para edificar sus casas de lata y cartón- quienes se han cansado de esperar a que renazcan sus pueblos de origen. No quieren ser las víctimas del próximo ciclón, porque esos desastres naturales que fueron Ike y Gustav sólo arrojaron luz sobre el otro, sobre el desastre de improductividad e inercia que nos afecta a todos.

Pronto se cumplirá un año desde que miles de casas pasaron a tener como cubierta el cielo. Caletone, un pueblo cerca de Gibara que no aparece ni siquiera en el Atlas de Cuba, sigue sumido en la destrucción. Sus habitantes saben que con la actual crisis económica sería un milagro si los recursos necesarios llegan a sus manos. Han caído en esa zona de nadie provocada por el olvido, por el triunfalismo de la prensa y los vientos –para nada huracanados- de la espera.

Música de Ernesto Lecuona: “Noche azul”



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martes, 23 de junio de 2009

CUIDAR ARBOLES PUEDE SER BUEN CASTIGO PARA QUIEN APALEA A SU MUJER?

Un tribunal de Agri, provincia turca limítrofe con Armenia, condenó a un ciudadano turco a plantar y cuidar árboles durante seis meses por golpear a su mujer, informó hoy la prensa del país.

El juez consideró que plantar árboles será una buena lección para el infracto. El hombre agradeció a los jueces por mostrarse tan indulgentes con él y prometió nunca más levantar su mano contra la mujer, con que la lleva viviendo 12 años.

Otro veredicto no menos original fue dictado hace unos días en la ciudad de Diyarbakir, sudeste de Turquía, por una fechoría similar. Los jueces prescribieron que el marido regale flores a su esposa cinco meses seguidos y lea cinco libros sobre relaciones familiares y la educación de niños

domingo, 21 de junio de 2009

siglo XXI, versión yanomani de la carta del jefe piel roja al presidente de los Estados Unidos

"El hombre blanco enloquece con la tierra"

Davi Kopenawa, voz de los indígenas yanomamis, lucha para que en Brasil no ocurra lo que en Perú. Su comunidad vive amenazada

Terraza del restaurante de Casa de América, Madrid, a principios de junio. Davi Kopenawa saca una bolsa de plástico y extrae una especie de pelota negra que coloca bajo su labio superior. Es la hora de mascar tabaco. "No queremos dar nuestra tierra a los blancos porque los blancos ya tienen mucha tierra", dice. "Nosotros somos los que la protegemos, las personas de la ciudad talan árboles. El hombre blanco ama el dinero, el avión, el coche. Nosotros pensamos diferente". Kopenawa se recuesta en la silla. Lleva pintura roja en la cara, corona de plumas, collar. Viste camisa, vaqueros y zapatillas deportivas. Calcula que nació en torno a 1956.

"No queremos dar nuestra tierra a los blancos. Nosotros la protegemos, ellos talan árboles"

Davi Kopenawa está luchando para que en Brasil no haya revueltas como las que han sacudido Perú. Hace dos semanas visitó Madrid poco antes de que llegaran las primeras noticias de los levantamientos en Bagua, que produjeron la muerte de 24 policías y entre nueve y cien indígenas, según las distintas fuentes. Se encuentra de gira por Europa defendiendo la causa de su pueblo, los yanomamis. Tras el estallido del conflicto en Perú, utiliza el correo electrónico para opinar sobre este hecho: "Lo que están haciendo con los indios allí es un crimen. Nosotros sufrimos el mismo problema con blancos que vienen a por nuestros recursos naturales".

El proyecto de ley 1610/96 sobre minería en tierras indígenas, aún en fase de discusión en el Congreso brasileño, puede abrir la puerta a la minería a gran escala en territorio yanomami. Puede suponer que las carreteras surquen las tierras de sus ancestros. "En Perú, el Gobierno mandó al ejército matar a los indios. En Brasil son los invasores los que matan a los indios, pero también tienen la culpa las autoridades, por dejarles entrar". Se refiere a los garimpeiros. Los buscadores de oro. Dice que hay en torno a 3.000 operando ilegalmente en el llamado Parque Yanomami, en la Amazonia.

Desde hace más de 25 años, Kopenawa es la voz de los yanomamis, su embajador. Durante el encuentro de Madrid había insistido en que no es un líder, sino un yanomami más. Ejerce como chamán, o sea, como guía espiritual-médico-psicólogo en su comunidad, Watoriki [la montaña del viento], compuesta por unas 150 personas. "Para el hombre blanco es difícil ser feliz", sostiene, "tiene una raíz muy grande en la ciudad, no puede cambiar. Está enloquecido con la tierra, siempre quiere sacar más y más para que la ciudad crezca; sólo piensa en el suelo: petróleo, oro, minerales, carreteras, coches, trenes".

Los yanomamis luchan desde hace años por preservar su modo de vida. Cazan con arco y flecha, pescan con una liana que atonta a los peces, cultivan en la selva. Son nómadas: cada dos o tres años, cuando la tierra se agota, se trasladan. En 1991 consiguieron que el presidente Fernando Collor de Mello creara el Parque Yanomami, una superficie dos veces el tamaño de Suiza (9,6 millones de hectáreas) para que esta comunidad de 16.000 habitantes pudiera vivir en paz. Se les concedió el derecho a utilizar la zona. Pero los derechos sobre los minerales pertenecen al Estado. Los garimpeiros que trabajan ilegalmente en sus territorios contaminan con mercurio los ríos y les transmiten enfermedades mortales.

Kopenawa caza tapires y jabalíes con arco y flecha. Está casado, tiene seis hijos y dos nietos. Vive tres meses en la selva y tres en Boa Vista

[una de las aglomeraciones urbanas del norte de Brasil]. Cuando está en la ciudad, habita las oficinas de Hutukara, la ONG que fundó en 2004 para defender los derechos de su pueblo. No le gusta demasiado salir de casa. "Nunca salgo de noche, hay malas personas en la calle", explica. Si sale de día, sólo va a lugares a los que pueda llegar a pie. La cosa cambia cuando está en su aldea: "Allí el cielo siempre es limpio, bello, lleno de estrellas. Lo que más me gusta es mirar la selva".

La primera vez que vio a un blanco tenía cinco años. "Sentí miedo, pensaba que era malo porque llevaba el pelo largo, era barbudo y usaba zapatos, ¡como yo ahora!", recuerda, y se ríe. Habla en un portugués que suena nasal y profundo.

No conoció a su padre. Su madre murió de sarampión cuando él tenía diez años. A los doce contrajo la tuberculosis y se convirtió en el primer yanomami que pisaba Manaos, capital amazónica; pasó un año en un hospital. Fue allí donde aprendió a hablar portugués.

Dos años más tarde, unos funcionarios de la Funai -Fundación Nacional del Indio- le escogieron para que hiciera de intérprete en visitas a las comunidades indígenas. El día en que vio a un coordinador de Funai expulsando a un blanco de la selva por cazar felinos en territorio yanomami, vio la luz: expulsar a los invasores era posible. La llegada de miles de buscadores de oro a mediados de los ochenta fue lo que le decidió a lanzar su lucha por la tierra: un 20% de los yanomamis desapareció en aquellos años ochenta como consecuencia de enfermedades que llevó el hombre blanco. Así arrancó su trayectoria, que le ha llevado a representar a los pueblos indígenas de la Amazonia ante la ONU y a codearse con líderes como Al Gore, el príncipe Carlos, o estrellas de la música como Sting. "Los famosos no resuelven nada", dice con tono firme y decidido, "escuchan, apoyan, pero se consigue más en la ONU".

Kopenawa saca de su bolso a rayas un estuche negro, lo abre. Mira fijamente la medalla plateada que hay en su interior: es la mención honorífica del Premio Bartolomé de las Casas que le ha concedido la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y Casa de América, el motivo que le ha traído por primera vez a Madrid. No puede apartar la mirada del metal.

-¿Por qué mira tanto la medalla?

-Recibirla es importante porque hace que la gente conozca mi lucha. Pero Omame [el creador] no permite que se extraigan metales de la tierra. La tierra es un lugar sagrado y protegido.

Minerales. El proyecto de ley del Gobierno brasileño puede abrir la puerta a la explotación minera. "La minería va a llevar a nuestras tierras a gente que mata a indios, que lleva bebidas alcohólicas y enfermedades de la ciudad. Va a traer carreteras, contaminación".

Kopenawa es consciente de que hoy en día su pueblo necesita del teléfono y de Internet para la lucha. Pero tampoco quiere que todos los jóvenes yanomamis aprendan a manejarlos. "Basta con que aprendan unos pocos, veinte o treinta personas. Tenemos que ir poco a poco. Si no, muchos querrán quedarse en la ciudad y no volver".

Defiende que la tierra no tiene precio, ni se compra ni se vende. "El hombre blanco nunca está tranquilo", analiza, "siempre está preocupado buscando dinero para pagar la casa".

-¿Y el hombre yanomami?

-El hombre yanomami piensa en estar tranquilo, sin preocupación, y en no pasar hambre.


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