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domingo, 21 de junio de 2009

siglo XXI, versión yanomani de la carta del jefe piel roja al presidente de los Estados Unidos

"El hombre blanco enloquece con la tierra"

Davi Kopenawa, voz de los indígenas yanomamis, lucha para que en Brasil no ocurra lo que en Perú. Su comunidad vive amenazada

Terraza del restaurante de Casa de América, Madrid, a principios de junio. Davi Kopenawa saca una bolsa de plástico y extrae una especie de pelota negra que coloca bajo su labio superior. Es la hora de mascar tabaco. "No queremos dar nuestra tierra a los blancos porque los blancos ya tienen mucha tierra", dice. "Nosotros somos los que la protegemos, las personas de la ciudad talan árboles. El hombre blanco ama el dinero, el avión, el coche. Nosotros pensamos diferente". Kopenawa se recuesta en la silla. Lleva pintura roja en la cara, corona de plumas, collar. Viste camisa, vaqueros y zapatillas deportivas. Calcula que nació en torno a 1956.

"No queremos dar nuestra tierra a los blancos. Nosotros la protegemos, ellos talan árboles"

Davi Kopenawa está luchando para que en Brasil no haya revueltas como las que han sacudido Perú. Hace dos semanas visitó Madrid poco antes de que llegaran las primeras noticias de los levantamientos en Bagua, que produjeron la muerte de 24 policías y entre nueve y cien indígenas, según las distintas fuentes. Se encuentra de gira por Europa defendiendo la causa de su pueblo, los yanomamis. Tras el estallido del conflicto en Perú, utiliza el correo electrónico para opinar sobre este hecho: "Lo que están haciendo con los indios allí es un crimen. Nosotros sufrimos el mismo problema con blancos que vienen a por nuestros recursos naturales".

El proyecto de ley 1610/96 sobre minería en tierras indígenas, aún en fase de discusión en el Congreso brasileño, puede abrir la puerta a la minería a gran escala en territorio yanomami. Puede suponer que las carreteras surquen las tierras de sus ancestros. "En Perú, el Gobierno mandó al ejército matar a los indios. En Brasil son los invasores los que matan a los indios, pero también tienen la culpa las autoridades, por dejarles entrar". Se refiere a los garimpeiros. Los buscadores de oro. Dice que hay en torno a 3.000 operando ilegalmente en el llamado Parque Yanomami, en la Amazonia.

Desde hace más de 25 años, Kopenawa es la voz de los yanomamis, su embajador. Durante el encuentro de Madrid había insistido en que no es un líder, sino un yanomami más. Ejerce como chamán, o sea, como guía espiritual-médico-psicólogo en su comunidad, Watoriki [la montaña del viento], compuesta por unas 150 personas. "Para el hombre blanco es difícil ser feliz", sostiene, "tiene una raíz muy grande en la ciudad, no puede cambiar. Está enloquecido con la tierra, siempre quiere sacar más y más para que la ciudad crezca; sólo piensa en el suelo: petróleo, oro, minerales, carreteras, coches, trenes".

Los yanomamis luchan desde hace años por preservar su modo de vida. Cazan con arco y flecha, pescan con una liana que atonta a los peces, cultivan en la selva. Son nómadas: cada dos o tres años, cuando la tierra se agota, se trasladan. En 1991 consiguieron que el presidente Fernando Collor de Mello creara el Parque Yanomami, una superficie dos veces el tamaño de Suiza (9,6 millones de hectáreas) para que esta comunidad de 16.000 habitantes pudiera vivir en paz. Se les concedió el derecho a utilizar la zona. Pero los derechos sobre los minerales pertenecen al Estado. Los garimpeiros que trabajan ilegalmente en sus territorios contaminan con mercurio los ríos y les transmiten enfermedades mortales.

Kopenawa caza tapires y jabalíes con arco y flecha. Está casado, tiene seis hijos y dos nietos. Vive tres meses en la selva y tres en Boa Vista

[una de las aglomeraciones urbanas del norte de Brasil]. Cuando está en la ciudad, habita las oficinas de Hutukara, la ONG que fundó en 2004 para defender los derechos de su pueblo. No le gusta demasiado salir de casa. "Nunca salgo de noche, hay malas personas en la calle", explica. Si sale de día, sólo va a lugares a los que pueda llegar a pie. La cosa cambia cuando está en su aldea: "Allí el cielo siempre es limpio, bello, lleno de estrellas. Lo que más me gusta es mirar la selva".

La primera vez que vio a un blanco tenía cinco años. "Sentí miedo, pensaba que era malo porque llevaba el pelo largo, era barbudo y usaba zapatos, ¡como yo ahora!", recuerda, y se ríe. Habla en un portugués que suena nasal y profundo.

No conoció a su padre. Su madre murió de sarampión cuando él tenía diez años. A los doce contrajo la tuberculosis y se convirtió en el primer yanomami que pisaba Manaos, capital amazónica; pasó un año en un hospital. Fue allí donde aprendió a hablar portugués.

Dos años más tarde, unos funcionarios de la Funai -Fundación Nacional del Indio- le escogieron para que hiciera de intérprete en visitas a las comunidades indígenas. El día en que vio a un coordinador de Funai expulsando a un blanco de la selva por cazar felinos en territorio yanomami, vio la luz: expulsar a los invasores era posible. La llegada de miles de buscadores de oro a mediados de los ochenta fue lo que le decidió a lanzar su lucha por la tierra: un 20% de los yanomamis desapareció en aquellos años ochenta como consecuencia de enfermedades que llevó el hombre blanco. Así arrancó su trayectoria, que le ha llevado a representar a los pueblos indígenas de la Amazonia ante la ONU y a codearse con líderes como Al Gore, el príncipe Carlos, o estrellas de la música como Sting. "Los famosos no resuelven nada", dice con tono firme y decidido, "escuchan, apoyan, pero se consigue más en la ONU".

Kopenawa saca de su bolso a rayas un estuche negro, lo abre. Mira fijamente la medalla plateada que hay en su interior: es la mención honorífica del Premio Bartolomé de las Casas que le ha concedido la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y Casa de América, el motivo que le ha traído por primera vez a Madrid. No puede apartar la mirada del metal.

-¿Por qué mira tanto la medalla?

-Recibirla es importante porque hace que la gente conozca mi lucha. Pero Omame [el creador] no permite que se extraigan metales de la tierra. La tierra es un lugar sagrado y protegido.

Minerales. El proyecto de ley del Gobierno brasileño puede abrir la puerta a la explotación minera. "La minería va a llevar a nuestras tierras a gente que mata a indios, que lleva bebidas alcohólicas y enfermedades de la ciudad. Va a traer carreteras, contaminación".

Kopenawa es consciente de que hoy en día su pueblo necesita del teléfono y de Internet para la lucha. Pero tampoco quiere que todos los jóvenes yanomamis aprendan a manejarlos. "Basta con que aprendan unos pocos, veinte o treinta personas. Tenemos que ir poco a poco. Si no, muchos querrán quedarse en la ciudad y no volver".

Defiende que la tierra no tiene precio, ni se compra ni se vende. "El hombre blanco nunca está tranquilo", analiza, "siempre está preocupado buscando dinero para pagar la casa".

-¿Y el hombre yanomami?

-El hombre yanomami piensa en estar tranquilo, sin preocupación, y en no pasar hambre.


viernes, 8 de mayo de 2009

Fernando Flores y su discurso (A propósito de la entrevista en CNN. 6.5.09)


No es necesario entrar en un analisis semantico del lenguaje de Flores, lo que el hace es remecer a su interlocutor de turno que generalmente es un periodista con muy baja preparación profesional y con muy pocas pretensiones de generar construccion social haciendole ver su ignorancia por el trasfondo de sus asociaciones forzadas que le plantean.. habitualmente los periodistas buscan hacer tropezar al entrevistado, que ojalá se contradiga y a establecer relaciones forzadas para impresionar al publico pero sin mucho fondo.


El mundo viene cambiando y el adaptarnos a los cambios nos exige a todos ser más autenticos y originales. Aprender a reflexionar y a transformarnos con el mundo en que vivimos y con las nuevas necesidades. Lamentablemente muchos quisieran que nada cambie, que sigamos implorando por Allende, otros por Pinochet y que anclemos la discusion entre bandos de izquierda y derecha, descalificaciones para allá y para acá, mientras en el resto del mundo civilizado sigue avanzando en discusiones con sentido, nosotros sigamos votando por los mismos de siempre y los jovenes bien distanciados del clima político.


jueves, 30 de abril de 2009

Como aspirar al poder desde el mundo social


Claramente el mercado laboral favorece con mejores regalías a ingenieros sobre sociólogos o filósofos. Y es que en Chile se ha privilegiado la formación técnica por sobre la humanista. Aunque las razones son muchísimas, desde la presunción que se debe actuar rápido, la reflexión no es rentable, o queda a cargo del principal inversionista, técnico que cuenta con la habilidad para sortear los obstáculos que le presenta el sistema y junto a sus abogados se las ingenia para instalarse en el sitio que mejor le conviene en la oferta de sus bienes y servicios. Y el procedimiento está correcto desde su génesis en la intención de lograr un desarrollo económico. Así lo concibió pinochet.

Los políticos son sus relacionadores públicos, se mecen en la ola del bienestar hasta que algún problema les toca apenas la conciencia, para redactar una columna en algún diario, dar una entrevista o presentarse a algún programa de televisión. Y esta última acción de marketing es lo que más placer les entrega porque tiene toda la tribuna que necesitan y si logran decir y hacer lo correcto pueden captar las audiencias necesarias para seguir perpetuándose en el poder. Lo malo es que para algunos se transforma casi en una enfermedad que no se les quita con nada y se les vuelve en contra, pero es otro tema.

Para llegar a esta reflexión no se puede ser ingenuo porque la capacidad de soñar siempre va a ser un motor impulsor de iniciativas con trascendencia, aunque se desvirtúen absolutamente en el camino.

No hay nada más atractivo para un joven profesional dedicado al área social como un Techo para Chile, donde se cumple una misión con la conciencia, la iglesia, la universidad, los principios valóricos, etc., ser llamado a ocupar un lugar destacado en una campaña presidencial. Es atractivo por donde se lo mire. Al candidato esto lo posiciona en un elevadísimo lugar de promoción de valores, capta el voto perdido de la juventud y le da aire renovado a un decadente y moribundo discurso político. Es tan buena la idea instalada en la campaña de Frei y tan efectiva su implementación que el principal bando opositor copió la idea reclutando a un profesional con similares características en cuanto la noticia se hizo pública, pues esta acción no tiene lados flacos. No cabe duda que alguna de las hijas de don Eduardo, todas inteligentes y con la visión de los jóvenes aconsejó a su padre, aunque solo es cosa de escuchar a cualquier representante juvenil para acoger la idea.

El tema se vuelca en la falta de audacia de estas nuevas generación de profesionales y no me refiero a la arrogancia y búsqueda del poder, que de esos si que abundan, sino al poco atrevimiento en proponer nuevas herramientas cuando las viejas ya cumplieron su vida útil. Aún pecando de poco agradecido de aquellos muchachos que silenciosamente trabajan al amparo de algún movimiento musical o artístico, que funcionan como una válvula de escape, grupos creados por ellos mismos, sin recursos ni inversionistas sino solo con las ganas y la convicción de que las cosas no van por buen camino y se niegan a participar de la convocatoria de viejos perpetuados, acostumbrados, acomodados, etc.

Las nuevas herramientas que se deben poner en práctica no forman parte del mercado de oferta y demanda que domina hoy día, sino de una oferta y demanda por lo que la gente común y corriente añora, lo que está dentro de todos nosotros y que no lo vemos porque estamos sobrepasado. Los árboles no nos dejan ver el bosque.

Es tan simple y volátil que no lo tomamos en cuenta porque nos acostumbramos a encasillar todas nuestras convicciones en un partido o una religión y resulta que en el apropiamiento de una verdad única se pierde el sentido de lo más básico, de lo que buscamos permanentemente en nuestro círculo más cercano, en el compartir y aceptar las diferencias de pensamiento mientras no atente al bien común.

Pero esta rapidez por la obtención del resultados va de la mano de reacciones poco amistosas, del atropello, la violencia sobre el ritmo interior que cada cual necesita para mantener el equilibrio de su propia salud.

Se ha llegado al extremo de reconocer y rendirle tributo a la gente que está enferma, son los agotados por el exceso de maldad, postrada por el egoísmo generalizado, como si fueran parte de un mundo ajeno que no tuvo la suerte de subirse al carro de la victoria. Somos todos enfermos y solo algunos somatizan los síntomas pero vamos todos en el mismo carro.

Los valores que predican los proyectos de nuevos líderes son reconocidos por todos, jóvenes, viejos y adultos, generan gran expectativa porque queda la sensación que nuevos tiempos vendrán, con nueva gente, nuevos brios y nuevos valores, olvidándonos que casi todos los políticos comenzaron igual, pisando el palito de la modernidad, con la comodidad como ultimo fin, amparada en la nebulosa de los avances en la tecnología o los diseños habitacionales para todos. Cerramos los ojos creyendo que la pobreza se va a terminar.

La iglesia católica también tuvo su oportunidad influyendo a las clases más acomodadas, reclutando a “los mejores” infundiendo valores de igualdad de oportunidades que nunca llegaron a concretarse por algo que subyace a todo movimiento, la diferencia; de clase, de educación, de color, de lo que sea, pero se instala como arte de magia y permite que los grupos sigan sus lineamientos solo con sus símiles. El lenguaje, las costumbres, las aspiraciones nos diferencian, porque estamos sumidos en el mundo de lo superfluo. Las motivaciones que nos unen y nos ponen en línea con lo humano quedaron para la chacota y para el compartir con el copete donde los egos se desbordan y caemos en la perdida del respeto con el vecino. Seguimos subsistiendo en este mundo que no valora el compartir de una utilidad bien generada, de la sencillez y la grandeza de un compartir sano, un sentimiento de acogida en un momento difícil, una conversación de amigos y que si privilegia lo que no tenemos, lo inalcanzable, lo difícil y duro y que solo algunos pueden, en definitiva, el reconocimiento al logro material.

Para allá va la carrera y en ese carro estamos todos, junto a los nuevos lideres que nos darán garantías de probidad. Gracias a sus curriculum y sus meritos serán reconocidos con el sueldo de 7 millones mensuales permitiéndoles estar a la par de sus colegas buscando eternamente cómo lograr la igualdad y la equidad que el país clama, mientras las riendas del país la llevan otros.

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